Lucio Cerdá

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…parte de la biblioteca y la foto de Marilyn

Soy, ante todo un lector. Y lo soy porque desde muy niño no pude desprenderme del hábito de preguntar(me).

Así es que una vez transitada una adolescencia muy pasional me encontré trabajando de maestro y estudiando una carrera universitaria. Finalmente me recibí de psicólogo y eso, en la Argentina, significa preocuparse y dedicarse al psicoanálisis. Sin embargo, la literatura en todas sus magníficas dimensiones, me avisaba que en ella iba a encontrar respuestas y preguntas (más de las últimas que de las primeras) que no hallaría en otros sitios. Era cierto. Y entonces caminé ambos senderos en la medida que podía. Escribí en algún diario, trabajé de psicólogo y leía con tanto fervor como el que demostraba cada vez que me enamoraba. Las preguntas felizmente no cesan y cuando se refieren a la conducta humana proliferan como bacterias en aguas cálidas. De allí algo curioso ocurrió: el psicoanálisis no terminaba, no termina de dar cuenta de ciertas realidades que me eran fascinantes: qué heredamos y por qué. Estudié genética y de ella, particularmente neurogenética, es decir, lo que los genes diseñan de nuestro fascinante cerebro ¿Qué pertenece a los genes y qué a la cultura y las costumbres y a la educación?

Soy profesor en una Universidad Argentina hace ya unos cuantos años. Tuve hijos a los cuales amo. Y los amores que cualquier hombre derrocha en su tránsito por el mundo. Viene a mi memoria una aguda frase de Onetti: En la vida de todo hombre maduro hay siempre una mujer lejana. Por la geografía o los días.

Azúcar

Azúcar

 

 

 

 

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