¿Qué significa ser un buen profesor?

| 1 Noviembre, 2010 | 3 Comentarios

docentesEste artículo lo encontré en el blog Otra escuela es posible y me pareció interesante para pensar un tema que percibo como extremadamente complejo. Ojalá parte del debate pueda hecerse desde este epacio también. Agrego como comentario, el que dejé en el post donde lo leí­.

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¿Qué es un buen profesor?

jmartinezJavier Martí­nez Aldanondo,
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
[email protected]

Semanas atrás, el gobierno chileno ofreció la carrera de pedagogía gratis a aquellos alumnos que obtengan buenos puntajes en la prueba de acceso a la universidad para incentivarlos a que encaminen su futuro profesional a la educación. Craso error. Mi objetivo es reflexionar sobre qué es un buen profesor, su importancia en el proceso educativo, qué relación existe entre las notas y la capacidad de ser buen maestro y algunas propuestas para cambiar la educación. Esta columna nunca ha tenido vocación de comida rápida, lo que me ha valido €œamistosas reprimendas de algunos lectores impacientes. La de este mes no es la excepción, así que, si no vas a poder o querer dedicarle un rato, te recomiendo que no sigas leyendo.

En el último newsletter lancé una pregunta muy simple: ¿Qué 3 cosas os gustarí­a que vuestro hijo/a realmente sepa/domine cuando termine el colegio? Recibí­ más de 700 respuestas de lectores de 13 paí­ses que aportaron 117  cosas diferentes. Los resultados podéis consultarlos aquí­. Las 5 primeras respuestas fueron:

  1. Trabajo en Equipo
  2. Inglés/Idiomas
  3. Autoestima
  4. Proactividad
  5. Aprender

¿Sorprendente? En absoluto.
Los cursos de trabajo en equipo son de los más demandados por las empresas que desconocen que esa competencia no se puede enseñar, pero sí aprender, que es distinto. La contradicción es inexplicable: mientras el colegio presiona de manera angustiosa haciendo de la educación un proceso individual y competitivo y despreciando la práctica, la empresa se desgañita reclamando habilidades de colaboración y no le interesa la teoría.

¿Cuánto tiempo de la vida de un niño desperdiciamos enseñando cosas que no hacen falta -y que por si fuera poco se olvidan- y dejando de enseñar cosas imprescindibles? Es vergonzoso que lo que consideramos importante que nuestros hijos aprendan, no forme parte de los currículum educativos. Increíblemente no están ni los 5 más mencionados ni la mayoría de los 117 de la lista. No nos engañemos, que exista la asignatura de inglés, no significa que los niños salgan del colegio hablando inglés.

Entonces ¿Quién está capacitado para enseñar esas cosas? Si hoy formasen parte del currículum, los profesores actuales tendrían serios problemas porque son expertos en contenidos -geografía, física, matemáticas, gramática, etc.- pero no fueron entrenados para asegurarse que tu hijo sepa colaborar con otros, sea proactivo, piense de forma crítica, descubra lo que le apasiona en la vida o sea curioso.
Es fácil culpar a los profesores pero no hay que olvidar que están condenados a enseñar dentro del marco de lo que el currículum les permite y para lo que ellos, a su vez, fueron formados.

Dos situaciones recientes reflejan lo dramático del tema:- La semana pasada, 4 de los economistas más importantes del mundo se reunieron con el Presidente de Chile, Sebastián Piñera. Su principal mensaje: es imperioso aumentar la inversión en educación y, sobre todo, resulta impostergable cambiar de una vez el sistema educativo. Con el actual modelo, los emprendedores no van a aparecer por arte de magia.

Chile celebró en septiembre el bicentenario de su independencia de España. En agosto, co-dirigí­ el taller de Gestión aplicada del Conocimiento que dio inicio al congreso Percade, cuyo lema fue: 200 años ¿Y el desarrollo cuándo?€. Solicitamos a los más de 500 participantes que, a partir de una lista de 10 criterios que caracterizan a un país desarrollado, escogiesen los 5 más importantes y calificasen a Chile frente a dichos criterios en la siguiente escala: Muy avanzado, Avanzado, Poco avanzado y Nada Avanzado. La Educación fue el segundo criterio por orden de importancia y en la calificación, el 66% la consideraron Poco Avanzada y el 32% Nada Avanzada. Demoledor. Resulta fácil deducir 2 hechos incontestables de este ejercicio:

  1. La educación es de máxima prioridad para el ciudadano de a pie, sólo tras la salud (no sirve ser una persona educada sin gozar de salud para vivir).
  2. La educación está pésimamente evaluada y la epidemia tiene carácter mundial. Waiting for Superman es una pelí­cula que evidencia que Estados Unidos, el paí­s más avanzado del planeta, reconoce tener graví­simos problemas con su sistema educativo. En Inglaterra, otra pelí­cula refleja exactamente el mismo diagnóstico.

Cuando viví en México, el refrán que más me impresionó se lo escuché a un amigo entrenador de basket: €œNo hagas cosas buenas que parezcan malas ni cosas malas que parezcan buenas€. Todos los gobiernos comparten la preocupación por el grave estado en que se encuentran postrados sus sistemas educativos. La mayorí­a de las medidas que adoptan para tratar de remediar la situación no sólo no la mejoran, la empeoran. Drucker decía €œno hay nada más inútil que hacer eficientemente algo que no debiese hacerse€. Las autoridades creen que la mejor solución consiste en dar pedales cada vez más rápido sin caer en la cuenta que cuanto más pedalean, más se alejan del objetivo. A nadie se le ocurre pensar en girar el manillar y cambiar de dirección. ¿Por qué no nos hacemos las preguntas adecuadas? Antes de entrar al colegio, los niños hacen un promedio de 100 preguntas al dí­a. Una vez integrados en la enseñanza básica, ya apenas preguntan. No dejan de preguntar porque pierden el interés sino que pierden el interés porque dejan de preguntar ¿Cuánto espacio hay para preguntar en un aula con 30 niños, una planificación de contenidos tiránica y una perniciosa obsesión por las calificaciones? Recientemente, el Ministerio de Educación ha adoptado una serie de medidas desafortunadas que han provocado generosos editoriales de prensa: Establecer un sistema de semáforos para distinguir a los colegios en función de su rendimiento académico o crear liceos de excelencia, entre otras. Como indiqué al comienzo, la que resulta especialmente preocupante es la que ofrece acceso gratuito a la carrera de pedagogía a los alumnos con buenos resultados académicos. Este €œobsequio€ asume que gran parte de la culpa de los deficientes resultados que arrojan los indicadores por los que miden la educación, se achaca a la mala calidad de los profesores. Se deduce que si tuviésemos mejores profesores, la realidad serí­a distinta. Pero no sirve de nada inyectar más dinero mientras se siga gastando en medidas equivocadas. Sigue faltando el coraje necesario para acometer la renovación pendiente, lo que exige derribar algunos mitos absolutamente contestables:

1.- ¿Qué caracteriza a un buen profesor?

Esta pregunta no es simple. La primera tentación es contestar que es quien €œsabe mucho€ de su tema. Pero si lo pensamos mejor, la respuesta es bien diferente. Recientemente pregunté a un grupo de medio centenar de conocidos €œ¿Qué buenos profesores recuerdas de tu época escolar o universitaria y por qué?€. La primero en lo que coincidieron fue en no rescatar más de 2 ó 3 profesores que les dejaron huella. Estas fueron sus principales características:

  • Apasionados por enseñar, transmitían vocación, energía, compromiso, entusiasmo
  • Acogedores, escuchaban y al mismo tiempo exigían, humanos, cariñosos, nos daban libertad, amigables, sencillos, cercanos, me hacía sentir importante, eran preocupados
  • Su forma de enseñar (historias, ejemplos, actividades, discusiones y debates, práctica), entretenidos, divertidos (chistes), motivantes, originales, creativos, didácticos
  • Nos enseñaba a pensar, a cuestionarnos, a ser críticos, a razonar y no memorizar, nos enseñó a aprender
  • Se preocupaba de que aprendiésemos de verdad cosas útiles, se salían de la norma, apoyaban a los estudiantes con problemas, ofrecían retroalimentación continua

¿La nota obtenida para acceder a la universidad es el criterio más adecuado para seleccionar a un futuro buen profesor? Parece ridículo ¿Cómo podría el resultado de un test de respuesta múltiple reflejar la capacidad de desplegar esos talentos mencionados anteriormente? ¿Se puede enseñar sin tener pasión ni vocación? No lo creo posible. Si vemos los curriculum que padecen los estudiantes de pedagogía, el énfasis está en que sepan todavía más cosas y lo que de verdad apreciamos en un maestro, no aparece por ningún sitio.

No es casualidad que mucha gente mencione a sus padres como las personas de las que aprendieron las cosas más importantes en la vida. ¿Cómo se explica si los padres nunca fueron entrenados como profesores, no son expertos en contenidos ni en procesos de aprendizaje?

No es mucho lo que le debiésemos pedir a la educación: que se asegure de dejar a los jóvenes en estado permanente de curiosidad, de querer saber más, de no tener miedo de intentarlo y fracasar y de asumir que cuando uno se cae, sólo cabe levantarse, analizar por qué se cayó, aprender de ello y continuar. Hoy, escolares y universitarios priorizan obtener un título sobre aprender. Se conforman con lo justo -nadie protesta cuando se eliminan materias a estudiar para el examen- , muestran escasa iniciativa por culpa del terror que tienen a equivocarse y esperan que alguien les resuelva los problemas.

 

2.- Los niños que sacan mejores notas son má¡s inteligentes (y por tanto serán mejores profesores).

Hoy el colegio funciona exactamente igual que el circo: Los niños, como los leones, las focas o los caballos, son amaestrados por sus profesores para ejecutar un amplio repertorio de piruetas. ¿A qué me refiero con piruetas? Khan Academy, es una celebrada iniciativa educativa que provee una amplia colección de videos donde un profesor explica contenidos de matemáticas, ciencia, historia, etc. Aquí hay un ejemplo sobre cómo balancear ecuaciones quí­micas.

Admirable pero inútil. ¿Cuántas veces en tu vida profesional has balanceado ecuaciones químicas?  Cuánta gente balancea ecuaciones químicas en su trabajo ¿1 de cada 1.000? Para quienes lo hacen, no es un fin en sí mismo sino que es un medio porque en realidad persiguen descubrimientos científicos, avances médicos, desarrollos en el mundo de la alimentación, de la energía, innovaciones tecnológicas, etc. El propio concepto de €œestudiar no tiene sentido. Todos debiésemos aprender las matemáticas o la química más básicas pero solo quien lo requiera y cuando lo necesite, debiera poder profundizar en ello todo lo que desee.

Los €œbuenos colegios amaestran mejor a los niños que los malos colegios, pero a fin de cuentas, siguen enseñando las mismas piruetas sólo que de forma más eficiente y cobrando mucho más caro a los padres. Algunos profesores son más diestros en enseñar esas piruetas pero la mayoría están aburridos de enseñar siempre las mismas y de comprobar que a sus alumnos no les interesan lo más mínimo y las olvidan al poco de haberlas aprendido. Algunos niños son más rápidos en aprenderlas y a otros les cuesta más trabajo (algunos no lo logran y son expulsados). No importa si esas piruetas que aprendes te serán útiles en el futuro o si te interesan ya que el objetivo es pasar a la siguiente etapa y para eso necesitas complacer a tu profesor ejecutándolas tal y cómo espera que lo hagas (y no como a ti se te ocurra aunque te parezca más divertido o innovador) y a tus padres que podrán verificar tu habilidad con las piruetas mediante las notas. La forma de evaluar a los niños es por lo bien que son capaces de repetir esas piruetas pero, ojo, siempre por escrito. Jamás importa si dominan alguna de las 5 €œcosas de la encuesta inicial. ¿El mejor abogado, profesor o médico será el que mejores notas sacó durante su etapa escolar? No existe ningún predictor que lo asegure. Varios de mis amigos, que jamás se distinguieron por su brillantez académica, han desarrollado carreras profesionales envidiables. Algunos de los líderes más reconocidos (Bill Gates, Steve Jobs, Amancio Ortega, Pavarotti o el Presidente Lula) nunca hubiesen superado el proceso de selección para incorporarse a nuestras empresas por carecer incluso de título universitario.

Estoy convencido de que el 99% de los niños tienen básicamente las mismas capacidades, otra cosa distinta es si las desarrollan en toda su plenitud. En ese proceso influyen múltiples factores que incluyen a la familia, el contexto cultural y social, las experiencias de vida, la educación, etc. ¿Cómo le pedimos a un joven de 18 años que decida a qué se quiere dedicar en el futuro cuando no tiene ni idea? No podemos culpar sólo al domador de lo que ocurre en el circo ya que hace lo que le ordenan y cuando se aparta del plan, recibe una severa reprimenda.

3.- La importancia del profesor.

Mucha gente conoce el experimento Hole in the Wall iniciado por Sugata Mitra en la India a finales de los años 90. Su conclusión es aplastante: los niños, a partir de su curiosidad natural y por su cuenta, son capaces de aprender de un computador, mediante exploración y apoyo de sus pares y sin tener ningún conocimiento ni entrenamiento previo de tecnología. Y lo más importante: sin intervención de ningún profesor. Todos los padres han sido testigos de cómo sus hijos aprenden centenares de cosas sin estudiar, sin necesidad de que los padres tengamos que obligarles ni juguemos un rol protagonista. Antes de que intervenga un profesor, existen 2 elementos que resultan esenciales para aprender:

  1. Walter Scott €œLa parte más importante de la educación del hombre es aquella que él mismo se da€. Tú eres tu mejor profesor sobre todo debido a la energía que te provee la motivación. Si el niño tiene interés, entonces la educación ocurre. La acusación más severa que se puede formular a la educación es su capacidad de anestesiar el hambre que todos los niños traen por aprender.
  2. Albert Einstein €œLa experiencia es el mejor profesor. Nada mejor que tu experiencia, algo que no se compra sino que se vive, se adquiere con el tiempo y la práctica, fuera de las aulas. Piensa en las cosas que sabes hacer y el rol que jugaron las decenas de profesores que has tenido en que las aprendieses.

No hablo de eliminar al profesor sino de aceptar que su rol ya se ha transformado y que el mejor legado que puede dejar a sus alumnos no es lo que sabe sino asegurarse de enseñarles a aprender. Se aprende más rápido y mejor si contamos con alguien a nuestro lado que nos ayude y que no se limite a recitar contenidos y hacer tests. Que se preocupe de que nos hagamos preguntas y no de que le entreguemos respuestas. Esto sólo funciona, si tenemos desafí­os y actividades que resolver -y no contenidos que memorizar- y a un maestro que acepte que solamente nos debe ayudar cuando tengamos problemas que no podemos resolver. Las aulas y los profesores actuales nunca fueron pensados bajo esta lógica. Actuamos creyendo que la enseñanza se convierte automáticamente en aprendizaje y no es así­ de simple.

4.- Los profesores son los grandes responsables de la mala calidad de la educación.

A finales de 2007, escribí 2 artí­culos tratando de responderme esta pregunta ¿Quién quiere ser profesor?. Los profesores siguen teniendo un miedo atávico a ser sustituidos por la tecnología. Tal vez esta predicción de Bill Gates sea exagerada, pero no cabe duda de que la principal revolución que impone Internet es la relevancia que adquiere el aprendizaje. Hoy toda la maquinaria educativa sigue obsesionada con entrenar a los niños a aprobar exámenes.

Evaluar la calidad de la educación mediante tests nos está causando un daño irreparable (el número de niños con stress y tomando medicamentos es aterrador). Mientras no arreglemos lo que ocurre en las aulas, el liderazgo o la gestión de los directivos no tendrá ningún impacto. Los profesores son guardianes de temas irrelevantes para los jóvenes y saben que son vistos por sus alumnos como el obstáculo que se interpone ante su meta de obtener un título. Si no involucras a un niño, resulta muy difícil conseguir que aprenda. La cualidad más importante de un profesor es su capacidad de entusiasmar. Muchos transmiten hastí­o y cansancio por la profesión que alguna vez fue su vocación.

¿Cuáles son entonces las propuestas? Hay que reinventar la educación, atreverse a derribar lo incontestable. Daniel Pink expone un caso, a mi juicio, todavía muy conservador. Veamos ejemplos más drásticos:

  • Es urgente hacer cirugía profunda a nuestros currículum. El diseño siempre se empieza por el final, por lo que queremos obtener (las 5 “cosas” de la encuesta) y no por lo que tenemos y queremos conservar a toda costa (asignaturas tradicionales). Si a lo largo de tu vida vas a cambiar en promedio de 10 a 15 de veces de trabajo, los contenidos juegan un papel menor y además hoy te los provee un computador con una riqueza y variedad que difícilmente puede igualar un ser humano.
  • Es urgente cambiar cómo se enseña: primero la práctica y luego la teoría, aprender haciendo y aprender cosas que se pueden hacer. ¿Por qué no hacemos las cosas en lugar de escuchar cómo se hacen? El aprendizaje ocurre cuando haces, no cuando escuchas. Un profesor debiese ser capaz de hacer clase sin decir una palabra. No puedes aprender las cosas que ocurren en el mundo si te pasas todo el tiempo sentado en un aula. No sirve de nada cambiar la pizarra y la tiza por pizarras digitales. Mismo perro con distinto collar.
  • Si la educación es un factor esencial en el desarrollo de los países, el colegio debiese asegurarse, no tanto de que sepas muchas cosas sino de que sepas enseñar lo que sabes a otros durante toda tu vida. Esta será pronto una de las habilidades primordiales en esta sociedad del conocimiento.
  • En casa, los niños reciben educación 1 a 1, atención personalizada que es la mejor opción posible. En el colegio, como no hay profesores suficientes, recibe atención 1 a 30. ¿Qué hacemos? Todo el mundo debiese ser profesor. En tu empresa, tu descripción de cargo y tu sueldo debiese contemplar que dediques parte de la jornada laboral, por ejemplo 2 horas a la semana, a €œenseñar lo que sabes en el colegio de tus hijos. Además, la tecnologí­a permite que la atención no sea sólo presencial. Así, no sólo el más variado tipo de conocimiento llegarí­a hasta los jóvenes sino que también podrían trasladar sus aulas a la empresa y aprender algo más del lugar que los acogerá en un futuro cercano.
  • Terminar con los deberes que existen precisamente porque en clase, los niños dedican el tiempo a escuchar en lugar de hacer. No más asignaturas sino proyectos. No más exámenes sino demostrar desempeño. A lo largo de 12 años, hay tiempo de sobra para aprender las cosas importantes y no tener que llevarte además tareas a casa.
  • Quienes tienen más que enseñar son aquellos que terminan su etapa laboral (y no quienes recién se incorporan). Hay que estudiar la manera de  aprovechar todo ese caudal de experiencia que atesoran jubilados, desempleados, amas de casa, etc.

Si queremos tener buenos profesores, el proceso de selección no puede estar basado en las notas que obtuvieron cuando fueron alumnos. Eso es menospreciar su labor, es casi un insulto. Tenemos que diseñar un curriculum razonable y educarlos para que sepan cómo realmente aportar valor al proceso de desarrollo de nuestros niños.

La mayorí­a de los seres humanos se oponen al cambio. La tendencia a ver la botella medio llena y querer conservarla así­ es natural. Lo que ocurre es que cada vez tiene menos agua y la poca que queda, lleva tanto tiempo estancada que está contaminada y no queda más remedio que tirarla. ¿Significa eso que hay que romper la botella? No cabe duda de que necesitamos un recipiente -un sistema que acompañe a los jóvenes para prepararlos para el mundo -pero no necesariamente una botella -colegio/universidad- sino algún objeto con formas, colores y materiales diversos (ubicación fí­sica múltiple, educación que me acompañe donde yo vaya en lugar de obligarme a acudir a aprender siempre al mismo sitio en un horario ya decidido). Para ello requeriremos profesores y alumnos entusiasmados, tecnologí­a jugando un papel decisivo -que ya estamos experimentando y no ha hecho más que empezar-, con toda la sociedad participando activamente y sobre todo, dejando de medir contenidos o capacidad de memoria -para evaluar actitudes y acciones -saber hacer- como parte de un grupo.

Lo que está pasando con la mina que tiene atrapados a 33 mineros en Copiapó desde hace 2 meses es un buen ejemplo: Hay que cerrarla de una vez. En el caso de la educación, el edificio se está desmoronando, se cae a pedazos y las autoridades, torpemente, siguen poniéndole parches que la mayorí­a celebra como buenas ideas. No podemos seguir demorándonos, hay que atreverse a tirar el edificio abajo de una vez por todas y empezar a construir desde cero un edificio nuevo para un mundo distinto y un ciudadano diferente. ¿Quién tiene el valor que hace falta?

 

 

 

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Categoría: Trama y relaciones

Acerca del Autor ()

Padre. Hacedor. Resiliente. Estudiador. Curioso. Persistente. Apasionado. Aprendí a contar con un ábaco. En el primer año de la secundaria soñaba con tener una regla de cálculo. Hasta tercero lidiamos con las calculadoras personales y los permisos para usarlas en clase. Cuando fui profe universitario me preguntaba si debía aprobar los trabajos hechos en la computadora personal. La primera portable que tuve me mostró las ventajas de la movilidad y la segunda me presentó a Internet. Hoy, ayudo a las personas y a las organizaciones a involucrarse con los entornos 2.0.- Fundé Seco & Serif en los 90, tuve que aprender prácticamente solo a hacer producción gráfica digital cuando no había nadie alrededor. La primera aplicación que aprendí a manejar fue Adobe Illustrator 3. Y la última —seguramente— será la que salga mañana. Nunca quiero ser el más inteligente sino el que más trabaja. Soy prácticamente autodidacta aunque tengo títulos y certificados que dicen otras cosas. Hace muchos años que leo y pienso acerca de la posición del sujeto frente a la explosión digital y todos los días celebro que me haya tocado estar aquí en esta época.

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