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EXERGO
Jacques Derrida

Traducción de O. Del Barco y C. Ceretti en DERRIDA, J.,
De la gramatología, Siglo XXI, México, 1998, pp. 7-10. Edición digital de Derrida en castellano.

 

1. Quien brille en la ciencia de la escritura brillará como el sol.

Un escriba ( EP, p. 87 )

 

Oh Samas ( dios del sol), con tu luz escrutas la totalidad de los países como si fueran signos cuneiformes (Ibid.).

2. Estas tres maneras de escribir responden exactamente a los tres diversos estados bajo los cuales se puede considerar a los hombres agrupados en nación. La pintura de los objetos es propia de los pueblos salvajes; los signos de las palabras y de las proposiciones, de los pueblos bárbaros; y el alfabeto, de los pueblos civilizados.

J. J. ROUSSEAU
Ensayo sobre el origen de las lenguas
.

 

3. La escritura alfabética es en sí y para sí la más inteligente.

HEGEL
Enciclopedia
.

 

Este triple exergo no está sólo destinado a llamar la atención sobre el etnocentrismo que tuvo que dominar siempre y en todas partes, al concepto de escritura. Ni sólo sobre lo que denominaremos el logocentrismo: metafísica de la escritura fonética (por ejemplo del alfabeto) que no ha sido, fundamentalmente, otra cosa que -por razones enigmáticas, pero esenciales e inaccesibles para un simple relativismo histórico- el etnocentrismo más original y poderoso, actualmente en vías de imponerse en todo el planeta, y que en un único y mismo orden dirige:

1. El concepto de escritura en un mundo donde la fonetización de la escritura debe disimular su propia historia en el acto de su producción;

2. La historia de la metafísica que pese a todas las diferencias, y no sólo de Platón a Hegel (pasando inclusive por Leibniz) sino también, más allá de sus límites aparentes, de los presocráticos a Heidegger, asignó siempre al logos el origen de la verdad en general: la historia de la verdad, de la verdad de la verdad, siempre fue, salvo por la diferencia representada por una diversión metafórica que tendremos que explicar, una degradación de la escritura y su expulsión fuera del habla “plena”;

3. El concepto de la ciencia o de la cientificidad de la ciencia -que siempre se determinó como lógica- concepto que siempre fue un concepto filosófico, aunque la práctica de la ciencia, de hecho, nunca dejó de impugnar el imperialismo del logos, apelando, por ejemplo, desde siempre cada vez más, a la escritura no fonética. Sin duda esta subversión estuvo siempre contenida en el interior de un sistema alocutorio que dio nacimiento al proyecto de la ciencia y a las convenciones de toda característica no-fonética.[i] No pudo ser de otra manera. Sin embargo, es propio de nuestra época que en el momento en que la fonetización de la escritura -origen histórico y posibilidad estructural, tanto de la filosofía como de la ciencia, condición de la episteme- tiende a dominar la cultura mundial,[ii] la ciencia no pueda ya satisfacerse con ella en ninguna de sus avanzadas. Esta inadecuación había comenzado ya desde siempre, a otorgar el movimiento. Pero actualmente algo deja que aparezca como tal, permitiendo que, en cierto modo, nos hagamos cargo de ella, sin que pueda traducirse esta novedad en las nociones sumarias de mutación, explicitación, acumulación, revolución o tradición. Estos valores pertenecen, sin lugar a dudas, al sistema cuya dislocación se presenta actualmente como tal y describen estilos de movimiento histórico que sólo tenían sentido -como el propio concepto de historia- en el interior de la época logocéntrica.

Mediante la alusión a una ciencia de la escritura dominada por la metáfora, la metafísica y la teología,[iii] el exergo no sólo debe anunciar que la ciencia de la escritura -la gramatología [iv]- da signos de su liberación, gracias a esfuerzos que son decisivos, en todo el mundo. Necesariamente estos esfuerzos son discretos y dispersos, casi imperceptibles: ello pertenece a su sentido y a la naturaleza del medio en el que producen su operación. Quisiéramos sugerir de manera particular que, por necesaria y fecunda que fuese su empresa e incluso si, en la hipótesis más favorable, superara todos los obstáculos técnicos y epistemológicos, todas las barreras teológicas y metafísicas que la han limitado hasta el presente, una ciencia de la escritura semejante corre el riesgo de no nacer nunca como tal y con ese nombre. De no poder definir nunca la unidad de su proyecto y de su objeto. De no poder escribir el discurso de su método ni describir los límites de su campo. Por razones esenciales: la unidad de todo aquello que se deja mentar actualmente a través de los más diversos conceptos de la ciencia y de la escritura está en principio, más o menos secretamente pero siempre, determinada por una época histórico-metafísica cuya clausura no hacemos más que entrever y no decimos su fin. La idea de ciencia y la idea de escritura -por consiguiente también la idea de ciencia de la escritura- sólo tienen sentido para nosotros a partir de un origen y en el interior de un mundo a los cuales ya han sido asignados un cierto concepto del signo (más adelante diremos el concepto de signo) y un determinado concepto de las relaciones entre habla y escritura.

Relación muy determinada, a pesar de su privilegio, su necesidad y la apertura de campo que ha regulado durante algunos milenios, especialmente en Occidente, hasta el punto de poder producir actualmente su dislocación y denunciar ella misma sus límites.

Tal vez la meditación paciente y la investigación rigurosa acerca de lo que aún se denomina, provisoriamente, la escritura, lejos de permanecer más acá de una ciencia de la escritura o de dejarla de lado apresuradamente con alguna reacción oscurantista, dejándola por el contrario desarrollar su positividad al máximo posible, sean el vagabundeo de un pensamiento fiel y atento al mundo irreductiblemente por venir que se anuncia en el presente, más allá de la clausura del saber. El porvenir sólo puede anticiparse bajo la forma del peligro absoluto. Rompe absolutamente con la normalidad constituida y, por lo tanto, no puede anunciarse, presentarse, sino bajo el aspecto de la monstruosidad. Para ese mundo que vendrá y para aquello que en él habrá conmovido los valores de signo, de habla y de escritura, para aquello que conduce aquí nuestro futuro anterior, aún no existe exergo.



[i] Cf., por ejemplo, las nociones de “elaboración secundaria” o de “simbolismo de segunda intención”, en E. Ortigues, Le discours et le symbole, pp. 62 y 171. “EL simbolismo matemático es una convención de la escritura, un símbolo escriptural. Sólo por un abuso de vocabulario, o por analogía, se habla de un ‘lenguaje matemático’. El algoritmo es, en realidad, una ‘Característica’, consiste en caracteres escritos. No habla salvo por medio de una lengua que ofrece no sólo la expresión fonética de los caracteres, sino también la formulación de los axiomas que permiten determinar el valor de dichos caracteres. Es cierto que en rigor se podrían descifrar caracteres desconocidos, pero esto supone siempre un saber adquirido, un pensamiento ya formado mediante el uso del habla. Por lo tanto, en todas las hipótesis, el simbolismo matemático es el fruto de una. elaboración secundaria, que presupone un previo uso del discurso y la posibilidad de concebir convenciones explícitas. No es menos cierto que el algoritmo matemático expresará leyes formales de simbolización, estructuras sintácticas, independientes de tal o cual medio de expresión particular”. Sobre estos problemas, cf. también G. G. Granger, Pensée formelle et sciences de l’homme [hay edic. en esp.] pp. 38 y sgts. y, especialmente, pp. 43 y 50 sgts. ( acerca del Renversement des rapports de la langue orate et de l’écriture).

[ii] Todas las obras consagradas a la historia de la escritura conceden un lugar al problema de la introducción de la escritura fonética dentro de las culturas que hasta ese entonces no la practicaban. Cf. p. ej. EP, pp. 44 y sgts., o “La réforme de l’écriture chinoise” , en Linguistique, Recherches internacionales à la lumière du marxisme, Nº 7, mayo/junio 1958.

[iii] No nos referimos aquí solamente a los “prejuicios teológicos” determinados que en un momento y en un lugar que es posible señalar han desviado o reprimido la teoría del signo escrito en los siglos XVII y XVIII Tales prejuicios sólo son la manifestación más llamativa y mejor circunscripta, históricamente determinada de una presuposición constitutiva, permanente, esencial para la historia de Occidente, por lo tanto para la totalidad de la metafísica, incluso cuando ésta se hace pasar por atea.

[iv] Gramatología: “Tratado de las letras, del alfabeto, de la silabación, de la lectura y de la escritura”, Littré. Según nuestro conocimiento esta palabra sólo ha sido utilizada, en nuestros días y para designar el proyecto de una ciencia moderna, por I. J. Gelb. Cf. A study of writing, the foundations of grammatology, 1952 (el subtítulo desaparece en la reedición de 1963). A pesar del deseo de clasificación sistemática o simplificada, y de las hipótesis controvertidas acerca de la monogénesis o la poligénesis de las escrituras, este libro responde al modelo de las historias clásicas de la escritura.

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