Jacques Derrida

 Derrida en castellano

Nietzsche
Heidegger

Principal

En francés

Textos

Comentarios

Fotos

Cronología

Bibliografía

Links


EN FAVOR DE MUMIA ABU-JAMAL
[i]
Jacques Derrida

Publicado con el título «Lettre
ouverte à Bill Clinton»: Les Temps Modernes 582 (febrero-marzo 1997). Edición digital de Derrida en castellano.

 Mumia Abu-Jamal

 

President William Jefferson Clinton
Mrs.
Hillary Rodham Clinton 

The White House
1600 Pennsylvania Ave,
NW
Washington,
DC 20500
United States
of America 

París, a 15 de noviembre de 1996 

Señor Presidente, Señora, 

En el momento en el que el mundo entero saluda la reelección del Presidente de los Estados Unidos y su acceso confirmado a la magistratura suprema, permítannos dirigirnos directamente a ustedes y hacerlo de forma personal, a la vez pública y privada. Porque hablándoles en el lenguaje del corazón tanto como en el del derecho, es ante todo por deber y en nombre de la justicia por lo que apelamos a ustedes para suplicarles, Señor Presidente, Señora, que hagan oír su voz.

Una tragedia terrorífica corre el riesgo, en efecto, de conducir a un inocente a la muerte. Encarcelado desde hace quince años, juzgado y condenado bajo condiciones que parecen más que sospechosas a juicio del mundo entero, un americano corre el riesgo de pagar mañana con su vida lo que podría no ser más que una maquinación policial y un error judicial. Hoy día es público y notorio, en su país y en todas partes, que el proceso de Mumia Abu-Jamal se ha visto viciado, desde el principio, por graves y numerosas irregularidades de procedimiento. Innumerables violaciones de reglas han sido objeto de publicaciones fiables y detalladas (dossiers, entrevistas, libros, películas). Testimonios irrecusables han demostrado que la conducción de su proceso ha sido desviada del recto camino por grupos de presión y por un juez parcial (recientemente confirmado en sus responsabilidades y célebre por ostentar el récord de penas de muerte entre los jueces americanos); y esto con el fin de condenar a cualquier precio, sin prueba suficiente, el pasado de un militante político (joven «Black Panther» de los años setenta, luego periodista de radio, «voz de los sin voz»). Desde entonces, a Murnia Abu-Jamal se lo considera, con razón, por desgracia, un prisionero político amenazado de muerte en una democracia.

Para ceñirnos aquí al último episodio de una larga serie de violencias policiales y judiciales, nos contentaremos con recordar que el 1.º de octubre último, uno de los principales testigos oculares de la defensa, Veronica Jones, fue arrestada ante el juez, en plena audiencia, por un motivo menor y por completo ajeno al proceso, en el momento mismo en que aportaba un testimonio decisivo. Este testimonio no comportaba únicamente elementos propios para exculpar a Mumia Abu-Jamal (quien, como todo el mundo sabe, se ha declarado inocente desde el principio); también daba parte, bajo juramento, de las amenazas policiales bajo las que, hace quince años, Veronica Jones fue obligada a alterar su declaración inicial el día después de la muerte no esclarecida de un policía de Filadelfia.

En el momento en que, con miles y miles de ciudadanos de numerosas democracias, apelamos a ustedes, Señor Presidente, Señora, queremos, como es evidente, señalar también nuestro respeto por los principios de las instituciones políticas y judiciales de su país, por la separación de poderes y la independencia de la justicia. Es, por otra parte, con este espíritu con el que numerosas organizaciones (Amnistía Internacional, el Parlamento Internacional de Escritores, el Pen Club, el Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos) se han manifestado únicamente para pedir la revisión del proceso; es también con este espíritu como ciertos jefes de grandes estados amigos han intervenido públicamente, por ejemplo el canciller Kohl y el presidente Chirac. Este último, como ustedes saben, autorizó al embajador de Francia, el 3 de agosto de 1995, a «efectuar, a título estrictamente humanitario y en el respeto del derecho americano, cualquier gestión susceptible de contribuir a salvar la vida del señor Mumia Abu-Jamal».

Después de haber estudiado de cerca, desde hace años, todos los datos accesibles de este proceso, tenemos ciertamente, por nuestra parte, como tantos y tantos otros, la íntima convicción de que una terrible injusticia corre el riesgo de conducir a un inocente a la muerte, en la peor tradición de los grandes errores judiciales de la historia. Pero como nosotros no estamos en situación de jueces, como aceptamos, por hipótesis, que nuestra íntima convicción pueda no ser unánimemente compartida, como respetamos por principio cualquier otra convicción de buena fe, nuestra solicitud es acuciante pero permanece limitada: que el proceso sea por fin revisado. Solicitamos que se lleve adelante un nuevo proceso bajo condiciones dignas y transparentes, que la lógica de la «duda razonable» sea rigurosamente tenida en cuenta en beneficio de un acusado bajo presunción de inocencia y que, sea cual fuere, todo juicio por venir se funde al menos en pruebas irrecusables. (Permítannos añadir entre paréntesis que esta revisión no sería únicamente un acto de justicia, sino que prevendría sin duda nuevas explosiones de cólera, reacciones de indignación previsibles que podrían tener, a su vez, consecuencias imprevisibles.)

Una vez más, Señor Presidente, Señora, nunca nos atreveríamos a solicitar de ustedes una intervención contraria a los principios democráticos de sus instituciones y contra la independencia de las instancias judiciales, ya sea en el estado de Pennsylvania o a nivel federal. Nos dirigimos a ustedes hoy sólo para rogarles que pronuncien en voz alta, fortalecidos por su legítima autoridad y por una confianza renovada, palabras de justicia que convoquen al espíritu del derecho y de la dignidad humana en democracia. Creemos que la difusión de su voz podrá llevar estas palabras allí donde parece urgente una última toma de conciencia, que permitiría a las autoridades competentes reabrir un proceso, con toda independencia, y evitar así los riesgos, todos los riesgos, de una imperdonable e irreversible injusticia.

 

Acepten, Señor Presidente, Señora, la expresión de nuestra más confiada y respetuosa consideración,

 

P.S.: Por supuesto, si ustedes lo juzgaran adecuado, eventualmente no publicaríamos esta carta, en el momento oportuno y a título de «carta abierta», más que tras haber tenido en cuenta su respuesta y su parecer sobre este particular.

Sra. Pierre Mendès France
Instituto
Pierre Mendès France
Jacques
Derrida,
Parlamento Internacional de Escritores 

(Esta carta, recibida por la Federal Priority Issues Office en la Casa Blanca, sigue aún sin respuesta. T.M.) 


 

[i] Publicado con el título «Lettre ouverte à Bill Clinton»: Les Temps Modernes 582 (febrero-marzo 1997). Agradezco ala señora Pierre Mendès France por autorizar-me a volver a publicar aquí esta carta que nos es común.

Principal

Comentarios

Textos

En francés

Cronología

Fotos

Bibliografía

Sitio creado y actualizado por Horacio Potel