Dropshipping

| 29 junio, 2019 | 0 Comentarios

En 1997, Antonio Battro, para presentar su libro La Educación Digital, apelaba a una metáfora estremecedora: Si pudiéramos viajar en el tiempo y trajéramos a un médico que vivió hace un siglo y lo ubicáramos en un consultorio de hoy, no sabría qué hacer ni cómo manejarse. En cambio si trajésemos a un docente y lo pusiéramos frente a un aula de hoy, no tendría demasiados problemas para desenvolverse.

Algo de esto ha venido pasando con el mercadeo. La tecnología empuja cambios que a su vez especializan a la tecnología y ambas modifican las prácticas sociales porque obligan a cambiar los hábitos de las personas, produciendo un bucle de retroalimentación positiva que hace que constantemente estemos en situación de cambio. ¿Cómo sería posible pensar que si las personas modifican sus hábitos, no fueran a cambiar los modos en que esas mismas personas se organizan?

Cuando el mercado se configuró como tal, probablemente una de las cuestiones que apareció asociada en los márgenes de la actividad, fue la pregunta que se hacían los vendedores. ¿De quién es el cliente?

En diciembre de 2006, la revista Time, dando cuenta del personaje del año, decía: es Usted. Semejante portada expresaba un cambio de nivel en el juego: la mediación de la digitalidad había cambiado las reglas en muchos campos y probablemente donde más se sintió ese impacto fue en el territorio del mercadeo. Usted es el personaje del año, porque usted es el cliente.

Por aquellos años, cosas tan sencillas, en apariencia, como el invento de los containers, cambiaron la idea que teníamos de lo que debía ser un puerto y o de cómo se deberían moverse las mercancías alrededor del mundo.

Apenas se alcanzó alguna estabilización en la expansión de los mercados, la pregunta por la propiedad del cliente mudó en otra dicotomía no menos inquietante: ágil o respaldado.  Desde 1999, cuando apareció el Manifiesto del Tren de las Claves, todos sabíamos que los mercados podían transcribirse como una conversación de servicios. En ese plan ¿era más importante responder rápidamente o estar muy bien respaldado? ¿Cuál de los dos vectores expresaba una mayor calidad de servicio?

De la combinación de estas dos cuestiones, nace —seguramente— la idea del Dropshipping. Con algo del hacer del antiguo viajante y el formato de la digitalidad, intentando dar respuesta a ambas.

Se trata de montar un modelo de negocio de venta en el que se privilegia el contacto con el cliente. ¿De quién es el cliente? Del que lo atiende, del que satisface su necesidad, del que está atento y puede ofrecer un plus de servicio como valor agregado en el producto que vende. Pero no hay un contrato. Es una dinámica de relación que debe ser renovada permanentemente.

En el modelo dropshipping, otros stockean y distribuyen. El camino parece ser la hiperespecialización. Y como, a su vez, en el modelo de comunicación, la ubicuidad ha tomado la delantera claramente, el hábito de la compra se despliega cada vez más desde los teléfonos celulares.

Entonces tenemos dispositivos como Oberlo.es, que cubren la brecha operativa, para un negocio de dropshipping, facilitando la carga de productos, provinientes de diferentes stockers.

Y sí. Los mercados son conversaciones, gestionadas cada vez más digitalmente a través de estas plataformas que facilitan la integración de aquellas dicotomías: ¿quién tiene un cliente? ¿cómo puedo satisfacerlo mejor?.

Categoría: Culturas, Trama y relaciones

Acerca del Autor ()

Padre. Hacedor. Resiliente. Estudiador. Curioso. Persistente. Apasionado. Aprendí a contar con un ábaco. En el primer año de la secundaria soñaba con tener una regla de cálculo. Hasta tercero lidiamos con las calculadoras personales y los permisos para usarlas en clase. Cuando fui profe universitario me preguntaba si debía aprobar los trabajos hechos en la computadora personal. La primera portable que tuve me mostró las ventajas de la movilidad y la segunda me presentó a Internet. Hoy, ayudo a las personas y a las organizaciones a involucrarse con los entornos 2.0.- Fundé Seco & Serif en los 90, tuve que aprender prácticamente solo a hacer producción gráfica digital cuando no había nadie alrededor. La primera aplicación que aprendí a manejar fue Adobe Illustrator 3. Y la última —seguramente— será la que salga mañana. Nunca quiero ser el más inteligente sino el que más trabaja. Soy prácticamente autodidacta aunque tengo títulos y certificados que dicen otras cosas. Hace muchos años que leo y pienso acerca de la posición del sujeto frente a la explosión digital y todos los días celebro que me haya tocado estar aquí en esta época.

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