El abrazo de la ficción en el relato documental

| 20 septiembre, 2009 | 4 Comentarios

Hubo un tiempo en el que le hablábamos a Mirta, imaginándonos el regreso del infierno. La perplejidad ocupaba todo el espacio del asombro y el olvido era apenas una mala palabra, como en el poema lejano de Tejada.

Hacé de cuenta que estuve navegando
es casi lo mismo solo cambia el paisaje
abajo el mar, que nuca se ve
arriba el cielo, el cielo raso
y tu foto en la pared.
La moda ha cambiado un poco, Mirta
Ya no hay ni un pelo largo
todos parecen soldados
me siento parado en un cementerio
me recibió el frío y un nuevo gobierno
Mirta no recuerdo ni tu cuerpo.

Mirta, de regreso – Adrián Abonizio / 1982.

Aprendimos a aludir sin nombrar porque no podíamos más con todo ese silencio encima. Entonces, como en un relato niño, pusimos los buenos de un lado, los malos del otro y nos lanzamos a la aventura guayasaminépica de reivindicar los cuerpos desaparecidos. Ni olvido ni perdón. La voz de Hebe nos hací­a guardar un silencio atronador. A algunos por vergüenza, a otros por respeto, a muchos por el mismo odio irracional.

Basta de mala onda, basta de mirar para atrás, nadie se muere en la ví­spera, hagamos de este un paí­s del primer mundo, privaticemos siguiendo la máxima principal del decálogo menemista: Nada lo que deba ser del estado, permanecerá en manos del estado. Y lo volvimos a hacer y terminamos todos en el corralito. Una vez más nos armamos la historia niña. Nos cuesta aprender. Preferimos sufrir e inventarnos fábulas donde intentamos convencernos de que somos los mejores, solamente por ser argentinos.

En el año 1977, la Dirección del Instituto Nacional de Planificación Económica (INPE) formaba parte del actual Ministerio de Economí­a. El 23 de agosto de ese año, el entonces Secretario del INPE decidió secuestrar información vinculada con las actividades productivas que se realizaban en el conjunto de las provincias del paí­s, tarea de recopilación en la que venían trabajando desde hací­a varios años técnicos y economistas del Ministerio.

Nos gustó creernos que conseguimos la democracia. Nunca le dimos demasiado crédito al argumento de la Tatcher: Inglaterra no va a permitir que un dictador, que además es cómplice de violar los derechos humanos, pretenda tomar las islas por la fuerza. La vuelta a la democracia vino como obsequio promocional con el paquete de la derrota en Malvinas. Dos por el precio de uno. Ellos se parecían bastante al general majestuoso, pero sabí­an (y saben) comunicar mejor que nosotros.

Luego nos gustó creernos que salimos de la crisis del 2001 porque tení­amos un proyecto que, otra vez, de la mano de dirigentes incombustibles y sordos al que se vayan todos, harí­a que el mundo nos mirara con asombro. Nunca fue viento de cola.

Estas publicaciones no sólo constituí­an una fotografí­a del mapa productivo del país, sino que- hasta ese momento- colaboraban en la relación interdependiente que se establecía entre la Nación, las provincias y los municipios. No eran documentos de valor estratégico ni secretos de Estado. Hablaban de una visión federal de paí­s que fue eclipsada por la lógica de la dictadura militar en la que lo único válido era el centro de las cosas y, por lo tanto, lo ajeno y periférico fue objeto de desconfianza, avasallamiento, apropiación y eliminación.

A esta hora exactamente, hay un niño en la calle. ¿Es honra de los hombres, proteger lo que crece, cuidar que no haya vida dispersa por las calles? Treinta y tres años después, hay miles de hermanos en la calle, que antes no estaban allí­, revolviendo desperdicios para ganarle por este dí­a la batalla al hambre y al desamparo. Tenemos empresas y empresarios inmensamente ricos y multitud de niños que crecen en la calle. La escuela se ha convertido en un aspacio ganado por el desaliento y seguimos pensando que el problema de la Argentina fueron los militares golpistas.

Ahí donde se habla de multitud como de un concepto de clase, y entonces de la multitud como sujeto de producción y objeto de explotación, será inmediatamente posible introducir la dimensión corporal, pues es evidente que en la producción y en los movimientos en el trabajo y en las migraciones, son los cuerpos los que están en juego. En todas sus dimensiones y en todas sus determinaciones vitales. En la producción la actividad de los cuerpos es siempre fuerza productiva, y frecuentemente materia prima. Y de otra parte, no hay posible discurso sobre la explotación, que trate de la producción de mercancías o, sobre todo, de la reproducción de la vida, que no toque directamente a los cuerpos. En cuanto al concepto de capital, debe también ser considerado en términos realistas, a través del análisis de los sufrimientos impuestos al cuerpo: cuerpos minados por la usura, mutilados o heridos, siempre reducidos al estado de materia de la producción. Materia igual mercancía. Y si no se puede pensar que los cuerpos son simplemente reducidos al estado de mercancías en la producción y la reproducción de la sociedad capitalista, si se debe insistir sobre la reapropiación de los bienes y sobre la satisfacción de los deseos, así como sobre las metamorfosis y sobre el acrecentamiento de la potencia de los cuerpos, determinados por la lucha continua contra el capital -una vez reconocida la ambivalencia estructural en el seno del proceso histórico de acumulación-, habría entonces que plantear el problema de su resolución en términos de liberación de los cuerpos y de proyecto de lucha frente a ese fin.

En una palabra, un dispositivo materialista de la multitud sólo podrá partir de tomar en cuenta prioritariamente al cuerpo y la lucha contra su explotación.

Para una definición ontológica de la multitud / Antonio Negri / Revista multitudes número 9. 2002.

Estos cuerpos desaparecidos no serí­an tales si no hubieran sido desaparecidos otros cuerpos documentales. No se hubiera podido consumar el genocidio sin razones económicas que justificaran la necesidad de imponer el nuevo orden a sangre y fuego. Aunque no querramos verlo. Muchas de las fortunas que hoy pasean por la Argentina están manchadas con aquella sangre. Sólo que el dolor inconmensurable y nuestra adolescencia política no nos dejan pensar en ello.

Quizás tengamos que empezar a enfrentarlo para dejar de caminar hacia atrás como paí­s. Quizás debamos empezar a aprender como empezar a entrarle a semejante cuestión. Quizás, en lugar de hablarle a Mirta, tengamos que empezar a hablarle al que vemos en el espejo. Roberto Sardi pide la palabra.

Entrevistados

Jorge Abraham (protagonista del hecho. Actualmente trabaja en el Ministerio de Economí­a)
Horacio González (protagonista del hecho. Actualmente trabaja en el Ministerio de Economí­a)
Aníbal Aller (Compañero de trabajo de los protagonistas del hecho en 1977. Actualmente trabaja en el Ministerio de Economí­a)
Edgardo Lifschitz (Compañero de trabajo de los protagonistas del hecho en 1977. Actualmente trabaja en el Ministerio de Economí­a).
Araceli García Acosta (Directora del Centro de Documentación e Información del Ministerio de Economí­a. En 1984 recibe el material guardado durante 7 años)
José Natanson (periodista. Autor del libro €œBuenos Muchachos)
Denise Najmanovich (epistemóloga. Especialista en el tema Cuerpo, afecto y pensamiento€)
Hernán Invernizzi (periodista y docente. Autor junto a Judith Gociol de los libros Un golpe a los libros€ y €œLos libros son tuyos€)
Pilar Calveiro (investigadora. Autora de los libros Poder y desaparición y Polí­tica y/o violencia)
Laura Bonaparte (Psicóloga. Madre de Plaza de Mayo Lí­nea Fundadora)
Marí­a Casariego de Gainza (psicóloga. Su padre – Juan Carlos Casariego de Bel- desapareció en el año 1977 en el Ministerio de Economí­a)
Oscar Tangelson (Secretario de Polí­tica Económica en el perí­odo 2003/2007)

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Equipo técnico

Todos los cuerpos es una coproducción del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y el Instituto de Planeamiento Estratégico para el Desarrollo Económico y Social (IPEDES)
Idea, Guión y Dirección: Roberto Ignacio Sardi
Producción: Sebastián Sperling
Asistente de Dirección: Guido Segal
Actores: Compañí­a de Teatro Espontáneo La Combinada€
Música: Guillermo Di Pietro (Variaciones sobre Spinetta)
Tema musical: Los libros de la buena memoria (Luis Alberto Spinetta)
Edición y Post Producción: DIVA Productora Audiovisual
Sonido: Horacio Almada
Masterización de sonido: Tauro Digital Sound
Diseño gráfico y sitio web: VértigoDC
Prensa: Claudio Suaya

Contacto

Roberto Ignacio Sardi: 011 (15) 5459 6109
[email protected]
[email protected]

Imagen: Oswaldo Guayasamí­n

 

 

 

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Categoría: Culturas

Acerca del Autor ()

Padre. Hacedor. Resiliente. Estudiador. Curioso. Persistente. Apasionado. Aprendí a contar con un ábaco. En el primer año de la secundaria soñaba con tener una regla de cálculo. Hasta tercero lidiamos con las calculadoras personales y los permisos para usarlas en clase. Cuando fui profe universitario me preguntaba si debía aprobar los trabajos hechos en la computadora personal. La primera portable que tuve me mostró las ventajas de la movilidad y la segunda me presentó a Internet. Hoy, ayudo a las personas y a las organizaciones a involucrarse con los entornos 2.0.- Fundé Seco & Serif en los 90, tuve que aprender prácticamente solo a hacer producción gráfica digital cuando no había nadie alrededor. La primera aplicación que aprendí a manejar fue Adobe Illustrator 3. Y la última —seguramente— será la que salga mañana. Nunca quiero ser el más inteligente sino el que más trabaja. Soy prácticamente autodidacta aunque tengo títulos y certificados que dicen otras cosas. Hace muchos años que leo y pienso acerca de la posición del sujeto frente a la explosión digital y todos los días celebro que me haya tocado estar aquí en esta época.

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