Saber que no sabemos

| 2 diciembre, 2021 | 0 Comentarios

No es posible saber todo. Sabemos algunas cosas, pero no todas las que nos gustaría conocer. Sabemos nuestro nombre pero no sabemos exactamente quiénes somos. Sabemos de dónde venimos pero no podemos decir adónde vamos. A veces nos parece que queremos algo, pero terminamos haciendo una cosa diferente. Y no siempre podemos explicar por qué hacemos eso. Freud, enumerando las tres heridas narcisísticas de la humanidad, se refería al fenómeno diciendo: el Yo no es amo en su propia casa

Esta cuestión no tiene que ver con la cantidad de conocimiento disponible y nuestra incapacidad material para abarcarla (aunque este dato sea un agravante), sino con nuestra condición estructural. No podemos todo. Unos seis siglos antes de Cristo, Heráclito, un filósofo al que conocemos por aquella observación de que nunca es el mismo río el que pasa debajo de un puente; decía que el hombre es un equilibrio inestable entre el Apeiron y el Cosmos, entre el Cielo y el Infierno, dirá Carl Sagan en los 80.

Eso habla de nuestra pequeñez en el Universo y explica, en parte, por qué nos da tanto trabajo sostenernos en la incertidumbre, en el no saber. También explica por qué en muchos períodos de la historia de la humanidad, la religión ha sido una fuente de sentido para completar aquello que no podíamos entender.

Lo que hacemos, frente a la angustia que nos produce la incertidumbre, es defendernos interponiendo un filtro, una fantasía, entre lo que percibimos y el objeto que nos produce esa sensación. Ponemos una certeza allí donde no la hay, para tranquilizarnos. Aunque no podamos explicar cómo llegamos a ella. Por esa razón no tenemos inscripción de la muerte propia, por ejemplo. Aunque todos sabemos que la muerte es parte de la vida y que algún día nos va a tocar a nosotros, la muerte, mientras vivimos, es siempre la muerte de alguien que no somos nosotros.

Si hay un punto donde estos aspectos colisionan estruendosamente, es en nuestras relaciones amorosas con otros.  Incertidumbres filtradas por fantasías, imposibilidades presentadas como potencias, finalmente se dejan ver y los envoltorios que las enmascaraban, caen y nos muestran algo de nosotros que nos resulta difícil de manejar. 

Una de las cosas de las que no sabemos de qué se trata, es el amor. Tenemos cientos de definiciones, pero la mayoría de ellas están filtradas por distintos factores de protección. Como los filtros solares.

Unos versos anónimos, del Romance del Enamorado y la Muerte, cuyo origen seguramente se remonta al Siglo XVI se refieren al amor en términos sacrificiales. De sumisión y entrega doliente.

Vete bajo la ventana donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría. 

Ella lo llama para que entre subrepticiamente a su alcoba. Hay algo prohibido allí que se intenta atravesar sacrificialmente. Todavía, en pleno Siglo XXI, podemos encontrar —a veces en nuestras propias conductas— trazas expresivas de aquel amor cortés, con su carga de sumisión dolorosa.

Pero seguimos sin poder explicarnos qué es el amor. Solamente sabemos qué ocurre cuando falta y que lo necesitamos para vivir. En el período entre guerras, René Spitz mostró que un cachorro humano, bien alimentado e higienizado, no es capaz de sobrevivir, cuando le falta el amor. Simplemente pierde su deseo de alimentarse y muere, afectado por un cuadro al que llamó marasmo.

Freud descubrió que ese motor, que nos impulsa toda la vida, es puesto en marcha por el amor maternal y llamó a ese proceso libidinización. Esta investidura nos pone a salvo pero también, cuando nos relacionamos con otros, nos pone en problemas. Justamente porque se trata de otro y no de mí. Porque somos el otro para los demás. 

En El malestar en la cultura, Freud atribuye este malestar a que la vida en comunidad no puede estructurarse si no es a costa de una renuncia pulsional. Enorme paradoja con la que lidiamos toda la vida. La pulsión sexual es aquella impulsión que no puede domeñarse, pero no podemos tomar todos los objetos amorosos que se nos crucen en nuestro camino, sin producir un estrago en nuestra subjetividad… y en la de los otros. 

Y entonces llegamos al presente, en donde vivimos en un mundo sobre estimulado y atravesado por mandatos culturales contradictorios, en el que nos cuesta trabajo amar, nos cuesta renunciar a lo que no nos gusta del otro para quedarnos que lo que sí nos gusta; nos cuesta armar parejas y nos cuesta desarmarlas cuando creemos que ya no nos enlazan, porque todo lo vivimos como pérdidas.

Definitivamente necesitamos ayuda para tratar de saber qué nos pasa y qué queremos hacer cuando eso ya no funciona. Deshacer una relación, separarse, no solamente es un trabajo enorme de esta época, sino que se ha ido convirtiendo en una suerte de especialidad clínica. Un saber específico acerca de una problemática que cada día se torna más compleja. Recientemente tomamos contacto con un blog de un equipo colombiano especializado en el tema. Ellos son Hakuna Matata psicólogos. Cuando recorras sus páginas, podrás ver cuántas cosas sobre el tema, no sabías que no sabías.

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Acerca del Autor ()

Padre. Hacedor. Resiliente. Estudiador. Curioso. Persistente. Apasionado. Aprendí a contar con un ábaco. En el primer año de la secundaria soñaba con tener una regla de cálculo. Hasta tercero lidiamos con las calculadoras personales y los permisos para usarlas en clase. Cuando fui profe universitario me preguntaba si debía aprobar los trabajos hechos en la computadora personal. La primera portable que tuve me mostró las ventajas de la movilidad y la segunda me presentó a Internet. Hoy, ayudo a las personas y a las organizaciones a involucrarse con los entornos 2.0.- Fundé Seco & Serif en los 90, tuve que aprender prácticamente solo a hacer producción gráfica digital cuando no había nadie alrededor. La primera aplicación que aprendí a manejar fue Adobe Illustrator 3. Y la última —seguramente— será la que salga mañana. Nunca quiero ser el más inteligente sino el que más trabaja. Soy prácticamente autodidacta aunque tengo títulos y certificados que dicen otras cosas. Hace muchos años que leo y pienso acerca de la posición del sujeto frente a la explosión digital y todos los días celebro que me haya tocado estar aquí en esta época.

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