Universalismo militante: cuatro hipótesis y una posibilidad

| 8 julio, 2009 | 0 Comentarios

por Franco Ingrassia

01. ante el disciplinamiento, produjimos subversiones

botonesSin embargo, no le concedíamos a esta estabilidad predominante el estatuto de orden natural, sino que nos habíamos entrenado en ver en ella el resultado contingente pero perdurable de las luchas, el producto de un sinnúmero de batallas estratégicas. El poder predominaba. Pero no sin resistencias.

De hecho, la estabilidad nunca podía prescindir de los procedimientos continuos de estabilización. Estas microprácticas de sujeción, que con Foucault aprendimos a llamar disciplinas, eran las que de forma incansable mantenían más o menos estables las articulaciones entre los cuerpos, los nombres, las tareas y los lugares (La expresión es de Jaques Rancière).

Cada proceso local de estabilización era, a la vez, una ocasión de subversión. El pensamiento crítico se materializaba en procedimientos de desestructuración. Su labor era analítica: de lo que se trataba era de descomponer las articulaciones que las disciplinas producían.

Enemigas de toda consistencia, las estrategias de la crítica se concentraban en esta operación de desmontaje. El desordenamiento de las articulaciones establecidas era el trabajo crítico por excelencia. La crítica demolía. (O, al menos, lo intentaba.)

Así pensábamos. Así militábamos. Y así fue como la segunda mitad del siglo XX se convirtió en testigo de la emergencia de potentísimos movimientos sociales de desestructuración de las relaciones entre trabajo y capital, entre hombres y mujeres, entre campesinos y terratenientes, entre jóvenes y adultos, entre incluidos y recluidos, entre naciones ricas y naciones pobres, entre locos y cuerdos, entre naturaleza y sociedad. Potentísimos movimientos críticos que conmovieron las bases de la sociedad disciplinaria, forzando una mutación radical en el diagrama del poder: el pasaje a nuestras sociedades de control. Una mutación que podríamos pensar en términos de profunda alteración de la ontología de lo social.

 02. ante la dispersión, producimos composiciones

estatuaLa palabra clave de esta alteración es dispersión€. El poder se vuelve postestructuralista. No opera ya por fijación sino por modulación de recorridos libres. El capital financiero (es decir el movimiento incierto del capital) hegemoniza al capital productivo (es decir, el movimiento predecible del capital). Esta nueva lógica no necesita del predominio de la estabilidad sino de la inestabilidad generalizada, es decir, de la dispersión. La ausencia de fricción que permita activar, por modulación y de forma inmanente, los procedimientos de morfogénesis que mejor se adecuen, en cada momento, a €œlas inciertas demandas de un mercado cambiante.

Alteración ontológica: del predominio de la estructuración a la dispersión como presupuesto. Pura deriva no reglada de los cuerpos sólo intermitente y fragmentariamente compuestos según inestables circuitos productivos que no permiten ninguna previsión.

Pensar en la dispersión (en el doble sentido de la expresión) significa alterar también de raíz la imagen de lo que concebíamos como pensamiento. Si el pensamiento crítico era un pensamiento deconstructivo, las resistencias contemporáneas hoy elaboran un nuevo constructivismo inmanente centrado mucho más en la producción de nuevas formas de lazos comunitarios en contextos de dispersión que en la desestructuración de las formas cohesivas flexibles y autodesmontables del poder.

Si en la era disciplinaria de lo que se trataba era de desplegar un crítica a nuestras condiciones de existencia, en la era contemporánea nuestra tarea es la de constituir modos de vida (es decir, composiciones) que logren suspender nuestras condiciones de inexistencia.

03. las tendencias de las composiciones son al cierre identitario o a la desconfiguración

En contextos de dispersión (cuando la tendencia es a la destitución y no a la conservación de lo instituido) las prácticas fundantes de autoorganización son prácticas de composición y no de ruptura. Estas prácticas de composición asumen el trabajo incesante de sostener un lazo comunitario en el tiempo ante los efectos dispersivos de la variabilidad constante del entorno. La autoorganización es entonces autodeterminación existencial colectiva opuesta a la pura deriva aleatoria de la operatoria mercantil.

Pero a su vez esta dinámica (contexto dispersivo vs. autoorganización) despliega dos tendencias que amenazan con cancelar las potencias propias de las experiencias:

  •     por una parte, la variabilidad constante del entorno puede conducir a un intento de rigidización de la composición: llamemos a esta tendencia “cierre identitario” y nombremos con ella a todo proceso en el cual una experiencia de autoorganización intente plegarse sobre sí misma, negando la inconsistencia necesaria para que haya autoalteración y proponiendo una respuesta conservadora ante la dispersión;
  •     por otra parte, siempre existe la posibilidad de que la composición no resulte lo suficientemente potente para resistir los efectos aleatorios de la operatoria mercantil.

Llamemos a esta tendencia €œdesconfiguración y nombremos con ella a todo proceso en el cual una experiencia de autoorganización propenda a resultar reabsorbida por la fluidez propia del mercado.

En muchos casos, las tendencias son simultáneas y se retroalimentan: cuanto mayor es la amenaza de desconfiguración, mayor la tendencia al cierre identitario. Cuanto mayor es la rigidez impuesta por el cierre identitario, mayor la eficacia de la acción dispersiva que sólo encuentra problemas para desconfigurar aquellas composiciones recombinantes que logran utilizar la fuerza externa como ventaja propia.

Tendremos así situado un problema específicamente político: ¿cómo operar sobre los procesos sociales de composición autoorganizada de lazos igualitarios para que, evitando la tendencia al cierre identitario consigan a la vez eludir la tendencia a la desconfiguración? La imposibilidad de esta exigencia nos confirma, de modo realista, que nos hallamos en el territorio propio de la política.

04. la respuesta no-reactiva ante los cierres y la desconfiguración es el universalismo

espaldaEs aquí donde podemos empezar a advertir la posibilidad de una función militante de determinado concepto de universalismo. Construir una respuesta no-reactiva ante las tendencias que amenazan a las composiciones implica hacer posible una vía de innovación (un hacer posible que es tanto un abrirse paso como una fijación de una orientación como alternativa al caos) capaz de eludir o minimizar la retroalimentación cierre/desconfiguración mediante la apertura de la reconfiguración.

El universalismo militante hace posible una palabra que no nombra a todos sino que se dirige a todos (la expresión es de Marta Malo), resistiendo la apropiación identitaria. Es un modo de enunciación más que un enunciado. Se trata de dar cauce a una pasión abstracta por el mundo en tanto exceso de una composición sobre sí misma.

La función del universalismo es conjurar la reificación: hace tambalear la consistencia del “nosotros” que la autoorganización compone, pero sólo para hacer posible vías de innovación de ese nosotros que, eludiendo la desconfiguración, instituyan caminos hacia la construcción de un nuevo nosotros más potente.

En este sentido, el universalismo del que hablamos aquí puede ser pensado como el modo en que el materialismo contemporáneo puede apropiarse de la noción de virtualidad: una apertura de lo que hay en nombre de lo que podría haber. Pero no como distanciamiento de lo existente (a la manera idealista que abraza la €œperfección de las formas rechazando las €œimperfectas configuraciones reales) sino como intensificación de la experiencia concreta, reabriéndola a su propia dinámica (no-dispersiva) de autoalteración.

El amor por lo común conduce a la investigación de las virtualidades (la expresión es de Nicolás Sguiglia). ¿De qué modo? Vayamos por partes. Si dicho amor nos conduce una y otra vez a la búsqueda del común-por-venir, entonces las composiciones serán reabiertas una y otra vez a la contingencia. El amor por lo común, como pasión abstracta, siempre nos llevará un paso más allá, haciendo de nuestras composiciones un proceso capaz de autotransformación, nunca una forma del todo configurada.

05. el universalismo es el exceso de una composición sobre sí­ misma que produce un común antes inexistente

Aquí radica la posibilidad: negarse a la fatalidad del cierre identitario o la dispersión desvinculante. Encontrar la decisión que, en cada caso, ponga a la composición en una situación de exceso sobre sí misma. El universalismo siempre aparecerá entonces como una excedencia de la experiencia, como virtualidad. Pero una virtualidad productiva de un común antes inexistente pero anticipable en la singularización del universalismo constituido en cada caso como función militante.

Definido el universalismo como función militante de producción de una respuesta no-reactiva ante los cierres identitarios y la desconfiguración por la vía de la puesta en exceso de una composición sobre sí misma orientada a la producción de un común antes inexistente, resulta bastante claro ahora que los enunciados que se constituyan durante la operatoria del universalismo podrán resultar de la más variada heterogeneidad, mientras sostengan una equivalencia lógica en tanto función. No habrá reglas para la composición de estos enunciados, pero podrán luego ser verificados a partir del análisis de sus efectos.

La posibilidad del universalismo militante es una posibilidad política, que interpela a cada cuerpo afectado por una experiencia de autoorganización social. Se trata de aquella opción política que decide defender lo construido de la dispersión a partir de un relanzamiento expansivo, de una apuesta por la producción de nuevos comunes que recombinen e intensifiquen los comunes ya producidos.

 

Publicado originalmente en la revista Campo Grupal Nº 113

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Categoría: Trama y relaciones

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Padre. Hacedor. Resiliente. Estudiador. Curioso. Persistente. Apasionado. Aprendí a contar con un ábaco. En el primer año de la secundaria soñaba con tener una regla de cálculo. Hasta tercero lidiamos con las calculadoras personales y los permisos para usarlas en clase. Cuando fui profe universitario me preguntaba si debía aprobar los trabajos hechos en la computadora personal. La primera portable que tuve me mostró las ventajas de la movilidad y la segunda me presentó a Internet. Hoy, ayudo a las personas y a las organizaciones a involucrarse con los entornos 2.0.- Fundé Seco & Serif en los 90, tuve que aprender prácticamente solo a hacer producción gráfica digital cuando no había nadie alrededor. La primera aplicación que aprendí a manejar fue Adobe Illustrator 3. Y la última —seguramente— será la que salga mañana. Nunca quiero ser el más inteligente sino el que más trabaja. Soy prácticamente autodidacta aunque tengo títulos y certificados que dicen otras cosas. Hace muchos años que leo y pienso acerca de la posición del sujeto frente a la explosión digital y todos los días celebro que me haya tocado estar aquí en esta época.

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